jueves, 14 de agosto de 2008

EN UN QUINCEAÑOS.

Estoy un poco fastidiado. Acabo de recibir una invitación de un quinceañero, ya me dirán si no es para estar molesto. ¡Será posible! ¡Es que se te queda la misma cara que cuando te jalan en un curso! No es que no me gusten los Quinceañeros, lo que pasa es que no me gusta salir a bailar con la quinceañera en la ceremonia. Escuchar esa empalagosa música “tiempo de vals, un dos tres, un dos tres…”, y demás cursilerías. Prefiero entrar después de medianoche, cuando la ceremonia ya acabó.

Y eso me trae a la mente a las mujeres invitadas. Imaginar los sacrificios que hacen, como por ejemplo: irse a comprar un vestido a un lugar exclusivo (Gamarra shopping center), y en lo que buscan por lo menos se tardan tres horas (¡las tardonas estas!), y lo peor es que ellas no se aburren y serían capaces de buscar por días enteros, más bien me compadezco de los hombres que las acompañan.
Segundo paso: El calzado. Como hay algunas chicas bajitas, entonces tienen que comprarse unos tacones altos, muy altos, para disimular la estatura. Eso requiere de dos horas más de búsqueda en otros exclusivos centros comerciales (Galerías Plaza Unión), y aquí vamos nuevamente…
El tercer paso, ¡el peluquero!, pues tiene que ser uno de buena monta. Bueno, la verdad, importa más el que no te cobre mucho. Por lo menos las sufridas muchachas tienen que pasar por dos largas horas de peinado.
El cuarto paso: “Make up” o maquillaje. Ellas utilizan cerros de maquillaje. Primero la Base, luego los polvos, las sombras, el labial, el delineador… ¡oye! total, ¿quieres ir a un quinceañero o a un circo?
Luego las chicas están listas para llegar radiantes al quinceañero. Lo más raro es ese bolsito diminuto que llevan todas, "¡Anda, una almeja metálica o un lazo!". ¿Que llevan ahí, una compresa extraplana?, Si que es muy fuerte eso de los quinceañeros.Una de las cosas que más odio de los quinceañeros es el vigilante de la entrada que te pide la tarjeta de invitación. Oh, como si todos mataran por estar ahí dentro. El tío tiene una cara de pocos amigos, más parece que te va a decir: “dame la tarjeta o te saco a patadas”. Ni modo a dar tu tarjeta de invitación.

Aparte de eso, otra cosa que no me gusta son las esperas: ¡te tiras una hora sentado hasta que baje la quinceañera!, lo pero es que la casa siempre se llena, y faltan sillas, y nosotros lo jóvenes, tenemos que ceder amablemente nuestros asientos (¡!), luego a esperar parados.

Otra cosa que odio, es ponerme terno o sport elegante. Ya me causa mucha incomodidad esa citación, y bueno, que se puede hacer. Sin embargo yo, llevo debajo de mi cabeza, un polo negro, para desabotonarme cuando sea el momento del baile juvenil.

Odio también que la Quinceañera no se acuerde de mí. He sido su amigo años, y ella ya ni se acordaba ni siquiera el haberme invitado. Cuando todos hacemos fila para darle el beso de rigor le digo:
- Soy Henry, tu amigo, hace mucho que no te veo.
- Ah, encantada, gracias por venir —contesta ella. Si es que da igual, la Quinceañera no se entera, va como drogada, le podría haber dicho:- Tu vestido se está cayendo. - Ah, encantada, gracias por venir.O también:- Tu papá acaba de sufrir un infarto de la emoción.Ella hubiera dicho igualmente:- Ah, encantada, gracias por venir.¿Y que me dicen del camarógrafo? Se acerca el de la cámara y todo el mundo se cree que esta en el Semáforo. Uno come tranquilo en su mesa y lo están grabando. Como si a las personas que lleguen a ver el video les interesara verme comiendo.
Tampoco puedes cruzártele al camarógrafo cuando esta tomando a la Quinceañera. “muévete a un lado muchacho”, seguro dice. Si, como si las dos horas que dura la cinta nos interesara ver única y exclusivamente a la Quinceañera. Pobre chica, esta más rígida que un maniquí, y ya le debe doler la cara de tanto sonreír. Deberá estar diciendo dentro de si: ¡auxilio!

En media fiesta, a los muchachos mayores, en cuanto nos descuidamos, nos colocan un cigarrillo. Un tío me dice:- ¿Ya te has fumado el cigarro? ¡Dale otro sobrino y una copa de whisky, para que se haga todo un hombre!Todo un hombre, un hombre... ¡hombre, no me jo…! , apenas soy un adolescente.¡Y el baile! Eso es lo mas fuerte. Todos los chibolos y chibolas van a otra estancia con luces sicodélicas para bailar. A la quinceañera casi la están dejando de lado, pero siempre hay un chibolo que la saca a bailar. El chico va todo resudado con la camisa pegada al cuerpo, y la pobre chica que apenas puede moverse por su excesivo vestido. No es de extrañarse que el vestido termine con huellas de zapato al terminar la música, y la pobre quinceañera tiene que irse a cambiar a un vestido más liguero.

Bueno, escribiría muchísimas cosas más, pero este ha sido un pequeño resumen de lo que pienso de los Quinceañeros. Que quede claro que no los detesto, pero tampoco los veo como la gran cosa, a menos que se traten de personas muy especiales para mí. Bueno, después de todo, tengo dos hermanas y en fin… esperar con sosiego sus Quinceañeros.

2 comentarios:

César Antonio dijo...

Ese vigilante debe ser un recontra ogro para decir: Dame tu tarjeta o te saco a patadas.
Ni siquiera has entrado y ya te está sacando. Bueno,a mí también me aburren los quinceañeros, en especial el rato en que habla casi toda la familia... caray.
Oye,ya cambié la foto en mi blog, y gracias por el comentario de mis poemas... Me has subido la moral, tanto así, que quisiera darte un abrazo hasta descuajeringarte... malvado.
Por cierto, tu estilo para narrar se parece bastante al de Bayle; estuve leyendo sobre un autor alemán apellidado Börn, el cual ganó el Nobel en 1972. Ese escritor tiene un lenguaje sencillo, algo que va en contra de lo que aceptaría un crítico literario profesional. Discúlpame por las veces que crítique tus escritos por tu estilo. Están bien si disfrutas con lo que haces.

Henry dijo...

no se escribe "bayle", sino Bayly. Además yo no escribo siempre como él. Aunque no lo creas, tengo momentos de inspiracion en que podría ser el terror de Vargas llosa.. ja ja ja.